sábado, 17 de marzo de 2007

De amor y de locura

Miles de anónimas historias de amor, ocultas, fugaces, eternas. Muchos sabemos que es el Taj Mahal, una tumba, si, ¿pero la historia cual es?, porque Shah Jahan no construyo nunca su propia tumba, así como la había imaginado, de marmol negro, del otro lado del río Yamuna, unida a la tumba de su esposa por un puente de oro.

Uno de los hijos de ambos, Aurangzed, mató a todos sus hermanos y hermanas menos a dos, encarcelo a su padre en el Fuerte Rojo, en la torre desde donde veia el Taj Mahal y a sus dos hermanas en la torre opuesta......
Shah Jahan mando poner un espejo a los pies de su cama, para ver el palacio estando casi a las puertas de la muerte, murío transido de amor.

Pero esta es otra historia, la historia de Dalia, un elefante asiatico del zoo de Buenos Aires, en 1937 no importaban mucho los derechos de los animales o no los tenian no sé, y el con su pata encadenada era el payaso de miles de niños que un Domingo si papá y mamá querian, iban a tirarle galletitas y a ver sus monerias, (como se dice cuando un elefante hace monerias? elefanterias?),y el consecuente las hacia. Pacífico y amigable se entregaba al juego y el regocijo con esa cosa inocente y cálida que te da un animal cuando le prestas una minima atencion.
El elefante recibio una compañera, una discreta elefanta con la que dormia en un local que representa aun hoy un templo hindú, desde las primeras horas de la mañana iba y venia recorriendo el lugar pero, eso sí, no intentaba violar los gruesos barrotes que había por todo el perímetro.

Hoy el zoo tiene psicologos expertos en conducta animal, algun dia alguien me tiene que explicar que es la conducta animal, pero ese es otro tema, tiene el zoo grandes predios parquizados rodeados de vidrios especiales, ya no hay rejas, no hay cadenas, y hace mucho que no hay una historia de amor como esta. A Dalia ya pocos lo recuerdan, pero los que lo hacen, aun ven a la bestia (perdon) de cinco toneladas agradecer las galletas con uno o dos barritos, lo que lo diferenciaba de los estúpidos leones tan propensos al bostezo e indiferentes a los niños que llegaran.

Un mal dia la compañera de Daila murió, quien de allí en más no parecio allanarse en la viudez, porque en los dias de celo mostraba una excitación rayano en la furia. Claro que los pesares del paquidermo pasaron a un segundo plano porque el 17 de Junio de 1938 se incribío en los archivos del zoológico, como el Dia De Archibaldo, el irascible rinoceronte que en esa jornada, victima él tambien de un ataque de furia, destrozo cuanto lo rodeaba. Pero perdió porque en una de las embestidas salió con el cuerno mayor quebrado.
No pasó mucho tiempo para que el elefante superara al descornado rinoceronte, porque el 18 de Junio de 1940 nuestro Dalia amanecio harto excitado, le fue facil romper los barrotes que rodeaban el corral, y se dio a un paseo por los caminos del jadín, su cuidador logró encerrarlo nuevamente, despues de una larga ducha y una racion de pan mojado con agua y bromuro. Por fortuna para el elefante no actuaron dos policias armados con carabinas, que habian llegado rapido tras la llamada del director del zoo.

Las penas de Daila terminaron con la compra de Cango, una elefanta cuya compra mermo un poco las arcas del zoologico, ya que salio algunos miles de dolares. pero, evidentemente la viudez no era la causa de los desequilibrios que lo aquejaban. Tanto asi que el 12 de marzo de 1943 volvio a las andadas. En las primeras horas de ese dia muchos vecinos del barrio porteño de Palermo se despertaron alarmados por la obra del infernal alboroto que provocaba el elefante con sus ahora tremendos barritos. Todo se altero en el zoo desde las liebras de la Pantagonia que huian hasta los patos que ocultaban la cabeza bajo el agua, los leones recordaron su origen selvático y decidieron unirse al orfeón.
En medio del concierto Dalia rompio la cadena que lo retenia...ademas rompio uno de los barrotes y tomandolo con la trompa lo blandío amenazante, como una vez más se lo puedo calmar con bromuro que metieron en una torta de cereal, la policia volvio a sus tareas especificas. Quedaba aun por venir el último acto de la tragedia....con el alba del siguiente dia, rompio la cadena, los barrotes y el bormuro en esta ocasion no sirvio, habia aprendido, se cerraron las puertas del zoologico para que no entrasen más visitantes, Don Alberto Holmberg, escucho con pesar la opinion de los técnicos: el animal debia morir, porque estaba irremediablemente loco, loco de amor.

Un piquete de la guardia de infanteria tomo posicion frente a Dalia, que tenia en su trompa uno de los barrotes otra vez y lo enarbolaba, amenazador, desesperado, sono la primera descarga y la frente del paquidermo se lleno de sangre. Fue ahí cuando ocurrio lo inesperado: Cango que estaba libre se acerco a su compañero para acariciar las heridas con su trompa y limpiarle la sangre con manojos de pasto que arrancó. La escena romantica obligó a tomar medidas para salvar a la hembra, como se hizo. Despues se dispararon más balas, hasta sumar 36. Por fin Dalia cayó, pero lo hizo con estilo, arrodillandose, doblando las patas, sin tumbar el cuerpo, como si estuviera reposando. terminada la improvisada caceria urbana, concluyeron tambien los rugidos y bramidos de felinos y graznidos de pajaros y chillar de monos. Dalia estaba valuado en ese entonces en 30.000$, y muchos lo recuerdan, en cambio otros porteños prefieren los versos de Leopoldo Lugones:

Historia de Mi Muerte
de Leopoldo Lugones


Soñé la muerte y era muy sencillo;
una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo,
con una vuelta menos me ceñía
y cada beso tuyo
era un día;
y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por solo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
y ya no me besaste...
y solté el cabo, y se me fue la vida.


Y el Taj Mahal en su mítica belleza...con mármol, jade, lapislázuli, turquesas, zafiros, ámbar, diamantes y corales, el amor en el mármol o en el alma a veces...nos lleva irremediablemente a la locura.



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